El hígado es uno de los grandes reguladores energéticos del organismo. Después de comer, transforma parte de la glucosa sobrante en glucógeno, una molécula de reserva que puede almacenarse y utilizarse más adelante. Durante el ayuno, ese glucógeno se degrada y el hígado libera glucosa a la sangre para mantener estable el suministro energético del cerebro y otros tejidos.
En la enfermedad de von Gierke, también conocida como glucogenosis tipo I, este sistema se bloquea precisamente en su último paso.
El resultado es una paradoja extraordinaria: el hígado está repleto de energía almacenada, pero es incapaz de liberarla correctamente. El organismo puede encontrarse así ante una auténtica “despensa cerrada”: abundancia de glucógeno dentro del hepatocito y, al mismo tiempo, hipoglucemia en la sangre.
Edgar von Gierke y el misterio de los hígados gigantes
La enfermedad debe su nombre al anatomopatólogo alemán Edgar Otto Conrad von Gierke, quien en 1929 describió una alteración caracterizada por una acumulación extraordinaria de glucógeno en hígado y riñón.
Al estudiar los tejidos, observó hepatocitos distendidos por grandes cantidades de glucógeno. Aquello permitió separar esta enfermedad de otras causas de hepatomegalia y sentó las bases para reconocer un nuevo grupo de patologías: las enfermedades por almacenamiento de glucógeno.
Von Gierke no podía conocer aún la enzima responsable. La bioquímica posterior demostraría que el problema se encontraba en el complejo encargado de convertir la glucosa-6-fosfato en glucosa libre.
En la forma más frecuente, GSD Ia, existen variantes patogénicas en el gen G6PC, que codifica la glucosa-6-fosfatasa. En la GSD Ib, el defecto afecta a SLC37A4, encargado del transporte de glucosa-6-fosfato hacia el interior del retículo endoplasmático. Ambas formas se heredan de manera autosómica recesiva.
¿Por qué se produce una hipoglucemia tan intensa?
El bloqueo metabólico afecta tanto a la degradación del glucógeno como a la gluconeogénesis, porque ambas vías convergen en la producción de glucosa-6-fosfato.
Si esta molécula no puede transformarse correctamente en glucosa libre, el hígado pierde buena parte de su capacidad para mantener la glucemia durante el ayuno.
Por eso, los lactantes pueden desarrollar hipoglucemia grave, especialmente cuando pasan varias horas sin comer.
Pero el exceso de glucosa-6-fosfato tampoco permanece inactivo. Se desvía hacia otras rutas metabólicas, provocando elevación de lactato, triglicéridos y ácido úrico. Con el tiempo pueden aparecer hepatomegalia, retraso del crecimiento, alteraciones óseas, enfermedad renal y adenomas hepáticos, entre otras complicaciones.
Ese conjunto de alteraciones explica también el característico aspecto descrito clásicamente en algunos niños: abdomen prominente por la hepatomegalia, extremidades relativamente finas y una cara redondeada de aspecto infantil.
El descubrimiento que cambió las noches: almidón de maíz crudo
Durante décadas, uno de los mayores peligros para los niños con enfermedad de Von Gierke era algo tan cotidiano como dormir toda la noche.
Varias horas sin recibir glucosa podían desencadenar una hipoglucemia potencialmente grave.
La solución llegó desde un producto sorprendentemente sencillo: el almidón de maíz sin cocinar.
En 1984 se publicó un trabajo decisivo que demostró que este almidón podía mantener la glucemia durante varias horas gracias a su digestión lenta. Desde entonces se convirtió en uno de los pilares del tratamiento.
El principio es elegante. Los grandes gránulos de almidón se van degradando progresivamente en el intestino, liberando glucosa de forma sostenida.
Es, en cierto modo, una batería metabólica de liberación lenta.
Por eso se administra sin cocinar y siguiendo pautas individualizadas por equipos especializados. El tratamiento moderno combina dosis de almidón de maíz, comidas frecuentes, control de la glucemia y una dieta diseñada específicamente para prevenir tanto la hipoglucemia como las complicaciones metabólicas.
Una regla aparentemente doméstica con fundamento bioquímico
El almidón de maíz tiene una curiosidad práctica importante.
Al calentarlo en presencia de agua, sus gránulos sufren un proceso denominado gelatinización, modificando sus propiedades físicas y su digestibilidad. Por ello, las formulaciones terapéuticas de almidón de maíz se utilizan sin cocinar siguiendo instrucciones precisas.
Es un ejemplo fascinante de cómo una cuestión aparentemente culinaria puede adquirir una enorme importancia clínica.
En esta enfermedad, la cocina y la bioquímica terminan hablando el mismo idioma.
El diagnóstico ya no necesita mirar el hígado al microscopio
Otra transformación notable ha sido el diagnóstico.
Hoy, ante un niño con hepatomegalia, hipoglucemia de ayuno, acidosis láctica, hipertrigliceridemia e hiperuricemia, la sospecha puede confirmarse mediante estudio molecular de G6PC o SLC37A4.
La biopsia hepática, que en otro tiempo fue fundamental, generalmente ya no es necesaria para confirmar el diagnóstico.
La genética permite además estudiar a otros familiares y ofrecer asesoramiento reproductivo a las familias.
De la dieta a la terapia génica
Y aquí la historia ha cambiado de forma extraordinaria.
Durante décadas, el tratamiento de la enfermedad de Von Gierke fue exclusivamente nutricional y metabólico.
Pero el 19 de agosto de 2026, la FDA estadounidense concedió aprobación acelerada a Genglycos (pariglasgene brecaparvovec-opnr), una terapia génica dirigida a pacientes con GSD Ia de 8 años o más.
Su objetivo es introducir una copia funcional de G6PC en el hígado y reducir la dependencia diaria del almidón de maíz. La autorización se basa, por ahora, en la reducción de las necesidades de almidón como marcador sustituto, y deberán confirmarse sus beneficios clínicos a largo plazo.
Por primera vez, el concepto de “abrir la despensa cerrada” ha dejado de ser solamente una metáfora.
Cuando la abundancia se convierte en hambre
La enfermedad de Von Gierke es uno de los ejemplos más elegantes de la medicina metabólica.
El problema no consiste en que falte energía. Consiste en que la energía está atrapada en el lugar equivocado.
Von Gierke observó ese fenómeno hace casi un siglo mirando hepatocitos cargados de glucógeno. Después llegaron la bioquímica, la genética, el almidón de maíz y, finalmente, la terapia génica.
Su historia puede resumirse en una secuencia extraordinariamente sencilla:
glucógeno almacenado → bloqueo en la liberación de glucosa → hipoglucemia → tratamiento nutricional → corrección molecular.
Y quizá esa sea la gran lección de esta enfermedad: a veces el organismo no enferma porque carezca de recursos, sino porque una sola enzima impide utilizarlos.









