La infancia y la adolescencia son etapas de crecimiento vertiginoso. En pocos años, huesos, músculos y tendones cambian de longitud, fuerza y equilibrio de una manera casi milagrosa. Pero precisamente en ese proceso tan dinámico pueden aparecer problemas muy característicos del esqueleto en desarrollo. Uno de los más conocidos en la medicina del deporte pediátrica es la enfermedad de Sever, también llamada apofisitis del calcáneo.
Se trata de una causa frecuente de dolor en el talón en niños y adolescentes activos, especialmente entre los 8 y los 15 años, coincidiendo con el estirón puberal y con la práctica de deportes de carrera y salto. Aunque su nombre puede sonar inquietante, no es una lesión grave ni deja secuelas permanentes si se maneja adecuadamente. Aun así, puede resultar muy limitante: muchos niños cojean, evitan apoyar bien el pie o dejan de disfrutar del deporte por un dolor que aparece al correr, saltar o después de los entrenamientos.
Un cirujano de Boston cambió la forma de entender este dolor
Durante mucho tiempo, el dolor de talón en los niños se interpretó de forma simplista. A menudo se atribuía a una torcedura menor, a un “dolor de crecimiento” o incluso a problemas peor orientados. La gran revolución llegó en 1912 gracias a James Warren Sever, cirujano ortopédico formado en Harvard y figura destacada del Hospital Infantil de Boston.
Sever comprendió algo fundamental: el esqueleto infantil no es una versión pequeña del esqueleto adulto. Los niños tienen zonas cartilaginosas de crecimiento que responden de manera distinta a las cargas mecánicas. En el talón, concretamente, existe una placa de crecimiento llamada apófisis del calcáneo, un tejido todavía blando sobre el que tira el potente tendón de Aquiles.
A través de la observación clínica y de las primeras radiografías, Sever describió que el problema no era un simple golpe, sino una auténtica lesión por tracción repetida: el tendón de Aquiles tira una y otra vez de una estructura inmadura, irritándola e inflamándola.
La clave está en el crecimiento
La enfermedad de Sever aparece cuando se produce un desequilibrio temporal entre el crecimiento óseo y la tensión muscular. Durante la pubertad, los huesos pueden alargarse más rápido que los músculos y tendones. Como consecuencia, la cadena posterior de la pierna —especialmente el tríceps sural y el tendón de Aquiles— queda relativamente más tensa.
Esa tensión se transmite al punto donde el Aquiles se inserta en el talón. Si además el niño corre, frena, cambia de dirección, salta o entrena varias veces por semana, el cartílago de crecimiento del calcáneo empieza a sufrir. El resultado es el dolor típico: localizado en la parte posterior o inferior del talón, empeora con la actividad y mejora con el reposo.
La buena noticia es que se trata de una condición autolimitada. Cuando esa apófisis termina de madurar y fusionarse con el hueso, el problema desaparece.
La trampa de las botas de fútbol con tacos
Entre las curiosidades más interesantes de la enfermedad de Sever destaca el papel del material deportivo moderno. Muchos especialistas han observado que las botas de fútbol con tacos rígidos, sobre todo cuando se usan en campos de césped artificial duro, pueden empeorar claramente la sobrecarga del talón.
La explicación mecánica es muy llamativa: los tacos reducen la superficie de apoyo y concentran la fuerza del impacto. De este modo, el suelo actúa casi como un martillo repetitivo sobre una zona ya sensible. En un joven atleta con el calcáneo en crecimiento, cada carrera, cada frenada y cada apoyo intenso pueden aumentar la irritación de la apófisis.
Por eso, en la práctica clínica no basta con decir “descansa unos días”. A veces es igual de importante revisar el calzado, la superficie de juego y la carga deportiva.
El gran camaleón: cuando se confunde con otros dolores del pie
Otra curiosidad clínica es que la enfermedad de Sever puede parecerse a otros problemas más propios del adulto, como la fascitis plantar o la tendinopatía aquílea. Sin embargo, en un niño de 10, 11 o 12 años hay que pensar primero en las estructuras de crecimiento.
El dolor suele empeorar con la actividad física y puede ser muy evidente al presionar los lados del talón, lo que en consulta orienta mucho al diagnóstico. De hecho, el llamado test de compresión del calcáneo sigue siendo una maniobra muy útil: si esa presión reproduce el dolor típico, la sospecha clínica aumenta de forma notable.
Lo importante es recordar que el diagnóstico suele ser clínico, sin necesidad de pruebas agresivas ni tratamientos invasivos.
El gran legado de James Warren Sever: menos cirugía, más inteligencia clínica
El impacto histórico del trabajo de Sever fue enorme. Antes de que se entendiera esta lesión, algunos pacientes eran sometidos a inmovilizaciones excesivas o a diagnósticos alarmantes. Su descripción permitió cambiar el enfoque por completo y abrió la puerta a un principio esencial en medicina infantil: no todo dolor exige agresividad terapéutica.
Hoy el tratamiento es fundamentalmente conservador. Se basa en modular la actividad, reducir el impacto, utilizar taloneras o plantillas de descarga en algunos casos, mejorar el calzado y trabajar la flexibilidad de la cadena posterior mediante estiramientos guiados. En ocasiones también se recomienda fisioterapia, hielo tras la actividad y una vuelta progresiva al deporte.
La filosofía moderna sigue siendo muy severiana: comprender la biomecánica, respetar el crecimiento y evitar intervenciones innecesarias.
Un problema común, un pronóstico excelente
Aunque puede preocupar mucho a las familias y frustrar a los jóvenes deportistas, la enfermedad de Sever tiene en general un pronóstico excelente. No destruye la articulación, no deforma el pie y no impide el deporte a largo plazo. Eso sí, requiere un manejo inteligente para evitar recaídas mientras el talón siga en fase de crecimiento.
En el fondo, la historia de la enfermedad de Sever es también una lección de medicina: escuchar al paciente, entender cómo funciona el cuerpo en crecimiento y no confundir una lesión por sobrecarga con algo más grave. Gracias a James Warren Sever, hoy sabemos que ese dolor de talón en los jóvenes atletas no es un capricho ni un simple “dolor de crecer”, sino una señal clara de que el esqueleto infantil necesita atención específica.
Y quizá ahí reside la mayor enseñanza de esta enfermedad: en los niños, crecer también exige aprender a proteger el movimiento.














