martes, 29 de septiembre de 2026

Albrecht Kossel. El tipógrafo del código de la vida (Premio Nobel de Fisiología y Medicina, 1910)


El Momento Eureka

Berlín, enero de 1885. Albrecht Kossel trabaja en la sección química del Instituto de Fisiología dirigido por Emil du Bois-Reymond. Desde sus años junto a Felix Hoppe-Seyler en Estrasburgo, una sustancia descubierta poco antes por Friedrich Miescher ocupa buena parte de sus pensamientos: la nucleína, un material rico en fósforo localizado preferentemente en el núcleo celular. Kossel está convencido de que aquella sustancia aparentemente amorfa puede descomponerse químicamente en unidades más sencillas. Su estrategia consiste en tratar tejidos animales y preparados nucleares mediante hidrólisis, separación, precipitación y cristalización hasta obligar a aquella materia biológica a revelar sus componentes elementales. 

El material que tiene delante procede esta vez de grandes cantidades de páncreas bovino preparadas para sus experimentos. Después de sucesivas operaciones químicas consigue aislar una sustancia básica extraordinariamente rica en nitrógeno. No se comporta como un aminoácido común ni encaja fácilmente entre los constituyentes proteicos conocidos. Kossel determina su composición y propone para ella el nombre de adenina, derivado del griego adén, glándula, en recuerdo del tejido pancreático de vacas del que había sido obtenida. El 12 de enero de 1885 comunica formalmente el hallazgo a la Sociedad Química de Berlín. 

Aquel descubrimiento todavía no significaba que Kossel hubiese encontrado “la primera letra del ADN”. Esa interpretación pertenece a nuestra mirada retrospectiva. En 1885 no se conocía el ADN tal como hoy lo entendemos, los nucleótidos, la doble hélice ni el papel de los ácidos nucleicos como material hereditario. Lo verdaderamente importante ocurrió después: Kossel demostró que la adenina también aparecía entre los productos de descomposición de la nucleína y, más tarde, de los ácidos nucleicos purificados. La sustancia dejaba así, de ser una curiosidad química del páncreas para convertirse en uno de los componentes fundamentales del núcleo celular. 

Durante los años siguientes, el patrón comienza a hacerse visible. Kossel relaciona también la guanina, conocida previamente por otros químicos, con las sustancias nucleares. En 1893, trabajando con Albert Neumann sobre ácido nucleico obtenido del timo, aísla un nuevo producto cristalino al que llaman timina. Poco después identifican la citosina. El uracilo sería aislado posteriormente de ácidos nucleicos de levadura por otros investigadores, especialmente Alberto Ascoli, y estudiado después por la escuela de Kossel. Poco a poco emerge una familia química completamente nueva de compuestos nitrogenados asociados a los ácidos nucleicos. 

El “momento eureka” de Kossel no fue, por tanto, una única noche en la que comprendió repentinamente el código genético. Fue una sucesión de separaciones químicas que transformaron una sustancia nuclear oscura en un conjunto de componentes identificables. Kossel aún no sabía que la secuencia de cuatro bases del ADN podía almacenar información hereditaria. Pero había realizado una tarea indispensable para que otros pudieran descubrirlo décadas después: identificar parte del alfabeto químico con el que estaba construida la molécula. El tipógrafo había encontrado las letras mucho antes de que la ciencia aprendiera a leer el texto. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario