En su interior no había bebida, sino muestras de sangre altamente infecciosas pertenecientes a una monja misionera que acababa de fallecer a causa de una misteriosa fiebre hemorrágica en la aldea de Yambuku.
Viajando sin custodias especiales, metido entre hielo que se derretiría a mitad del trayecto y protegido apenas por unos viales de vidrio propensos a romperse, aquel termo completó un viaje transcontinental que rozó la catástrofe. Esta es la increíble —y por momentos terrorífica— historia de cómo el virus del Ébola llegó a un laboratorio de Amberes en un termo de café, y de cómo un grupo de jóvenes científicos descubrió que se enfrentaba a un enemigo biológico completamente nuevo.
Quién lo identificó por primera vez
El virus fue co-descubierto e aislado por un equipo de investigadores del Instituto de Medicina Tropical de Amberes en Bélgica, entre los que destacaban los jóvenes microbiólogos Peter Piot y Guido van der Groen, junto con el director del laboratorio Stefaan Pattyn.
Poco después, la categorización formal y la confirmación de que se trataba de un patógeno completamente nuevo (y no de una cepa del ya conocido virus de Marburgo) fue ratificada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en Atlanta, Estados Unidos, liderados por el virólogo Frederick A. Murphy.
Dónde fue descrito
El virus fue descrito inicialmente a partir de muestras de sangre pertenecientes a una monja misionera flemática (fallecida en la clínica Ngaliema de Kinshasa) que se enviaron a Amberes. Su estructura morfológica ("en forma de filamento o gusano gigante") se observó mediante microscopía electrónica en los laboratorios de Amberes.
Los hallazgos científicos detallados y la descripción formal de la epidemia se publicaron a nivel internacional en una serie de artículos de la revista médica The Lancet en 1977. El patógeno se bautizó como "virus del Ébola" por el río Ébola, cercano a Yambuku, para evitar estigmatizar el nombre de la aldea.
Dificultades en el transporte de la muestra (Zaire a Bruselas/Amberes)
El traslado de la muestra biológica en septiembre de 1976 se realizó en condiciones que hoy se considerarían extremadamente temerarias e improvisadas debido a la falta de protocolos para patógenos de nivel de bioseguridad 4:
- Embalaje precario: El médico en Zaire colocó los viales de vidrio con la sangre infectada dentro de un termo de plástico azul común para café, cubiertos simplemente con hielo para mantenerlos fríos.
- Rotura del material: El hielo se derritió durante el trayecto. Debido a los golpes del viaje, uno de los tubos de vidrio se rompió en el interior del termo, mezclando la sangre infectada con el agua del deshielo y creando una "sopa roja" altamente contagiosa.
- Vuelo comercial sin custodia: El termo se envió desde Kinshasa a Bélgica a bordo de un avión de pasajeros comercial de la aerolínea Sabena, transportado como equipaje de mano o encargo ordinario a través del propio piloto, sin ningún tipo de advertencia sobre la letalidad de su contenido.
- Falta de bioseguridad al abrirlo: Al llegar a Amberes el 29 de septiembre, los científicos abrieron el termo dañado y manipulado sobre una mesa de laboratorio estándar utilizando únicamente guantes de látex y protección básica para la tuberculosis o la salmonela, totalmente expuestos a un contagio masivo por accidente.

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